La inteligente metamorfosis de Shaquille O’Neal

Shaquille O’Neal es uno de los personajes más interesantes de la historia de la NBA. Tanto en su faceta como jugador profesional, como en su vida más allá de lo deportivo, Shaq nunca ha pasado inadvertido y siempre ha sido objeto de la máxima atención.

Desde su llegada a la NBA en 1992, hasta su retirada en 2011, O’Neal ha sido contemporáneo de algunos de los mejores jugadores de la historia de la NBA en su época de máximo apogeo profesional, como Michael Jordan, Karl Malone, Hakeem Olajuwon, Kobe Bryant, Tim Duncan, Allen Iverson o Lebron James.

Este dato es relevante para medir la figura histórica y el legado de Shaquille O’Neal, ya que llegó a reinar en la NBA en una era donde los bases, escoltas y aleros marcaban una nueva tendencia de juego más rápido y abierto que en décadas anteriores. 

Su superioridad física le llevó a ser un jugador excepcionalmente dominante, a pesar de fallar más de 5000 tiros libres y únicamente anotar un triple a lo largo de su carrera profesional. Unos datos impensables para cualquier pivot de primer nivel de la actualidad.

Resumir la carrera de la NBA en un sólo párrafo de un jugador del nivel de Shaquille resulta prácticamente imposible, pero se puede esbozar una idea recordando algunos de sus hitos más destacables: Primer jugador de la historia en ser nombrado mejor jugador de la semana en su primera semana en la liga, Rookie del año, 15 veces All Star, uno de los tres jugadores de la historia en ganar el MVP del All Star, de temporada y de las Finales el mismo año, MVP de temporada regular, 3 veces MVP de las Finales, 3 veces MVP del All Star, 2 veces máximo anotador, 4 Títulos de la NBA, dos veces retirado su número de camiseta por Los Angeles Lakers (34) y Miami Heat (32)… en conclusión, un sinfín de datos, propios de un jugador único.

Ahora bien, para llegar a conseguir estos logros es necesario tener ADN de líder y un líder debe saber cuándo serlo y también cuando debe de dejar paso a otros líderes.

Este difícil paso de ser la referencia de un equipo, a saber ser la mejor compañía posible de un nuevo líder, no es nada sencillo de digerir, sobre todos para jugadores con un nivel de repercusión tan importante como el del histórico pivot formado en LSU.

La carrera de Shaq tuvo diferentes tramos muy diferenciados en función del momento de su carrera y del equipo en el que jugó.

Shaq en sus primeros años con los Magic

En su primera etapa en los Orlando Magic, Shaquille O’Neal fue el líder indiscutible de un equipo que prácticamente acababa de nacer. Fundados en 1989, los de Orlando tan solo llevaban 3 años en la competición hasta el advenimiento del ejecutor del «Tornado Negro».

Hasta ese momento, los líderes del equipo eran Dennis Scott y Nick Anderson, así que cuando desembarcó Shaq en el equipo, no encontró oposición alguna a ser el nuevo «macho alfa» de la manada.

Desde su llegada al equipo se hizo con el mando de la nave y firmó una primera campaña de rookie espectacular, cerrando la temporada con un promedio de 23.4 puntos, 13.9 rebotes, 1.9 asistencias, 3.5 tapones y dos canastas rotas.

Los Magic mejoraron sustancialmente, ya que de una temporada a otra subieron 20 victorias, pero no fue suficiente para que los Magic llegaran a visitar los Playoffs.

Al año siguiente, los Magic tenían de nuevo el número 1 del Draft y eligieron a Chris Webber. Esa elección podría haber creado una de las mejores parejas interiores de la historia pero, sin embargo, los Magic traspasaron a Webber a los Warriors a cambio de Penny Hardaway y una serie de futuras primeras rondas del Draft.

Probablemente fue una decisión acertada ya que hay serias dudas de cómo habrían encajado dos personalidades como las de O’Neal y Webber. Sin embargo, Penny Hardaway y Shaq encajaron a la perfección y crearon un equipo capaz de aspirar al Título de la NBA.

El éxito de aquel equipo fue precisamente que supo combinar y hacer coexistir a dos líderes muy distintos, uno global y expansivo tanto dentro como fuera de las canchas como O’Neal y un jugador más equilibrado y comedido como el excelente Hardaway.

Llegaron a disputar la final de la NBA en 1995, tras dejar en el camino incluso a los Chicago Bulls del «renacido» Michael Jordan, pero se encontraron en el duelo final con unos Houston Rockets inaccesibles y que no dieron oportunidad a los de Orlando.

O’Neal y Olajuwon en la lucha por un rebote

Los Rockets barrieron a los Magic por 4-0 en unas Finales que llegaron demasiado pronto para un equipo todavía muy inmaduro, en el que sus dos lideres, Shaq y Hardaway, no pasaban de los 23 años.

A partir de ahí y con el resurgir de los Bulls de Jordan a partir de 1996, la Conferencia Este (y la NBA en general) tuvo un nuevo equipo dominador, contra el que el dúo de Orlando no pudo hacer prácticamente nada, incluso con un 4-0 abrumador en las Finales de la Conferencia Este de 1996.

Shaq era el indiscutible líder de aquel equipo, pero sabía que su tiempo en Orlando había acabado y cuando finalizó su primer contrato con los de Florida, decidió cambiar de la costa este a la costa oeste, firmando el 18 de julio de 1996 con una franquicia histórica en busca de nuevos éxitos, Los Angeles Lakers.

Los Lakers eran un buen equipo, sin la figura de un líder carismático que les hiciera volver a rememorar laureles pasados, y  la dimensión deportiva y extradeportiva de un fenómeno como Shaquille O’Neal, encajaba a la perfección con la necesidad de repercusión y de éxitos del equipo que dominó la NBA en los 80’s con el inolvidable Showtime.

Esa temporada 1996-1997, Shaquille llegó a California como una estrella consagrada de la NBA y con el rol de ser el líder y referencia de los nuevos Lakers que comenzarían el siglo XXI.

Su contrato así lo demostraba ya que firmó por 7 temporadas y una cantidad próxima a los 121 millones de dólares, lo cual fue uno de los grandes contratos de la época.

A la par de la llegada de Shaq a los púrpura y oro, los Lakers apostaron por un jugador de Philadelphia del Instituto Lower Merion que había sido drafteado por los Charlotte Hornets. El traspaso se produjo días después del draft e incluyó al pivot serbio Vlade Divac, el cual era el pivot titular de los Lakers y que,con la llegada de O’Neal, iba a pasar irremediablemente al banquillo.

Shaquille O’Neal con Elden Campbell, Eddie jones y Kobe

En aquel momento, el eje de los Lakers de Del Harris pasó a ser Shaquille O’Neal, que rodeado de muy buenos jugadores jóvenes como Eddie Jones, Nick Van Exel, Elden Campbell o Robert Horry y, junto a veteranos de gran calidad como Byron Scott y Jerome Kersey, parecían ser inmediatos candidatos a todo, pero los Jazz de Karl Malone y John Stockton les volvieron a poner los pies en la tierra.

La temporada siguiente continuó por los mismos derroteros, unos Lakers ganadores con un balance de 61-21, un Shaq dominante y los Utah Jazz en el camino hacia el Título, pero esta vez en la Finales de Conferencia y con un resultado todavía más arrollador para los de Salt Lake City… 4-0.

La diferencia con el año anterior fue que en los Lakers ya no sólo se hablaba de Shaq, sino que había otro joven jugador que ya empezaba a ser tildado como otro posible heredero de Michael Jordan… ese hombre era Kobe Bryant.

La temporada siguiente, la del famoso Lockout, fue una temporada extraña, pero sirvió para que Kobe Bryant terminara de convertirse en la «otras» estrella del equipo y para que las demandas de Shaq hicieran cambiar la cara de aquellos Lakers, con la salida del entrenador Del Harris, de Nick Van Exel, de Eddie Jones y Elden Campbell y la llegada de un tirador como Glen Rice.

Los Lakers también estaban haciendo hueco para poder firmar un gran contrato con la emergente estrella de los Lakers, Kobe Bryant.

Shaq y Kobe

Todo hacía pensar que los Lakers se dirigían a una nueva etapa de dominio de la NBA, como así terminó siendo tras la llegada de Phil Jackson al banquillo, pero empezaron a surgir otro tipo de problemas, los egos de sus grandes estrellas.

El que era el equipo de Shaq, empezaba a ser el equipo de Kobe y Shaq, pero ninguno de los dos tenía clara aquella relación como se demostró en la famosa anécdota de 1999 en la que en un entrenamiento durante el lockout, Kobe y Shaq se dijeron de todo y en el que Shaq llegó a abofetear a Kobe.

Kobe y Shaq eran iguales en sus egos, pero muy diferentes en sus disciplinas de trabajo. Uno era un superdotado tocado por la varita mágica de la genética y el otro era un jugador forjado en el esfuerzo y trabajo diario.

Kobe forzó mucho en aquel entrenamiento y le espetó a Shaq tras una canasta…“¡Que te j*dan, este es mi equipo, es mi put* equipo!”, a lo que  Shaq respondió “No, cabr*n, es mi equipo”, y Kobe insistió: “Que te j*dan, en serio, que te j*dan. No eres un líder, no eres nada” y un par de posesiones más tarde… Shaq tenía el balón debajo de su brazo encarándose con Kobe, al que fulminó con una bofetón que según Mark Blount, que también estaba jugando: “Sonó muy fuerte”

A partir de ahí volaron guantazos en todas las direcciones y, tan solo, entre el propio guardaespaldas de Shaq y Olden Polynice, que estaba en aquel entrenamiento intentando hacerse un hueco los Lakers, consiguieron frenar a un O’Neal que estaba totalmente desatado.

Lo que mejor puede resumir aquel momento fueron las palabras del propio Polynice: «En serio, si se hubiera soltado del todo, habría matado a Kobe. No exagero. Quería acabar con él”.

Lo que realmente subyacía en aquel gimnasio y en aquella trifulca, era una lucha por el liderazgo de los Lakers, en un tiempo en el que O’Neal estaba en el mejor momento de su carrera profesional y Kobe estaba convirtiéndose en una super estrella de la NBA.

Phil Jackson fue capaz de tejer y equilibrar sus egos para conseguir el éxito de ganar tres anillos consecutivos, pero la relación de Kobe y de Shaq siempre fue regular tendiendo a mala.

Kobe, Magic y Shaq en la celebración del título del año 2000

Kobe no soportaba la falta de disciplina de Shaq y no era capaz de asimilar que los éxitos de los Lakers en aquel momento se atribuyeran en gran medida al papel superlativo de Shaq, que llegó incluso a ganar en el año 2000, los 3 MVP posibles (Temporada, All Star y Finales).

Por su parte, Shaq no soportaba el ego de Kobe y según cuentan, que vendiera más camisetas que él.

Como anécdota del mal ambiente que se vivía entre ambos, incluso tras haber ganado el primer Título en el año 2000, Shaq le ofreció a Isaiah Rider 10.000 dólares para que se peleara con Kobe en un entrenamiento. Rider tan solo llevaba 3 entrenamientos con los Lakers y su perplejidad fue absoluta al ver la relación entre ambas estrellas. Obviamente, el que fuera Campeón del concurso de mates de 1994, no aceptó la peculiar oferta de O’Neal.

Durante los tres años de éxitos, Phil Jackson pareció tender a dar un mayor apoyo a Shaq frente a Kobe, al igual que el propietario Jerry Buss siempre tendió a apostar por Bryant, lo cual se demostró en 2004 cuando se frenaron las negociaciones para la renovación tanto del Maestro Zen, como de Shaq.

Jackson acababa contrato al igual que Kobe, mientras que O’Neal estaba en su último año con los Lakers. La conclusión fue que Jackson no fue renovado por los Lakers por el deseo de Bryant y por el anhelo de Jerry Buss de cambiar de estilo de juego y ante esa situación Shaq dijo: «La dirección en la que van … no quiero ser parte de esto», lo cual le llevó a ser traspasado, por petición propia, a los Miami Heat a cambio de Lamar Odom, Caron Butler y Brian Grant.

Los Lakers no supieron gestionar los liderazgos de dos de las mayores estrellas de la NBA y el resultado fueron 3 anillos y la eterna duda de cuantos más podrían haber ganado juntos.

El resumen fue que Kobe no supo convivir con el éxito y reconocimiento de Shaq, que fue el MVP de las Finales de los 3 anillos, y Shaq no supo dejar espacio suficiente en su liderazgo a un jugador ávido de éxitos y galardones, como Kobe Bryant.

Kobe y Shaquille O’Neal en una discusión durante un partido

Kobe llegó a decir que sin Shaq habría anotado fácilmente 40.000 puntos en la NBA y Shaq no paró de decir lindezas de Kobe hasta prácticamente después de su retirada, llegando a recordarle hasta 2009 que no era capaz de ganar un anillo sin él y recomendándole que le «besara el culo» en alguna que otra canción.

Tras el traspaso a los Heat, un Shaquille con 32 años que estaba encarando el principio de la recta final de su carrera, de repente, dio un giro radical en su discurso deportivo, lo cual le valió sumar un anillo más.

La metamorfosis de Shaq llegó cuando nada más aterrizar en Florida, dijo que llegaba al equipo de un joven Dwyane Wade y prometió ganar un campeonato para los de Miami.

Con ese discurso, no sólo se ganaba al público prometiendo un anillo, sino que estaba empoderando a Dwyane Wade, al que terminaría incluso bautizando como «Flash» debido a ser «the greatest in the Universe» como recitaba la canción de Queen de la famosa versión de película ochentera «Flash Gordon».

Shaq había pasado de ponerse a parir con su compañero de equipo, a loar y  alabar a una estrella emergente de la liga como Dwyane Wade.

Como no puede ser de otra forma, ese cambio de percepción del liderazgo, le hizo a Shaq seguir siendo un referente en aquellos Heat y, al mismo tiempo, conseguir que su compañero de equipo Dwyane Wade fuera todavía más allá en su baloncesto, tanto como para liderar a los de Miami al anillo de 2006.

Wade y Shaquille O’Neal en el Campeonato de 2006

Esa reconversión le llevó incluso a decir durante esa temporada: «Las estadísticas no importan. Me preocupo por ganar, no por las estadísticas. Si anoto 0 puntos y nosotros ganamos, estoy feliz. Si anoto 50, 60 puntos, rompo los récords y perdemos, estoy enojado porque sabría que hice algo mal. Tendré una temporada increíble si gano el campeonato y promedio de 20 puntos por juego»

Ese cambio de actitud le llevó en la etapa final de su carrera a ser un jugador sumamente valioso con un rol distinto en equipos como en los Phoenix Suns y los Cleveland Cavaliers, donde intentó  repetir nuevamente los éxitos con Lebron James, que había logrado previamente con Kobe y Wade.

La última temporada con los Celtics parecía prometedora, pero su estado físico y la cada vez más avanzada edad de Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce, junto con la aparición del todopoderoso Big Three de los Heat de Lebron wade y Bosh, hizo que, finalmente, su última temporada en la NBA, acabara con una derrota en semifinales de conferencia.

Shaquille O’Neal fue todo en la NBA pero, curiosamente, dejó la sensación de haber podido ser todavía mucho más.

En general, a poco que hubiera mejorado su disciplina de trabajo, como por ejemplo y en particular, en su entrenamiento con los tiros libres, y que hubiera sabido gestionar mejor su capacidad de liderazgo en sus mejores años de la NBA, Shaquille O’Neal podría haber llegado a ser mucho más de lo que todavía fue.

De cualquier forma, Shaq fue aprendiendo (un poco tarde) como reconfigurarse y reconvertirse a lo largo de su carrera profesional, incluso llegó a normalizar su relación personal con Kobe antes de su fallecimiento, pero siempre nos quedará la duda de cómo podría haber sido con otra mentalidad deportiva, aunque ese sería otro Shaq y habríamos perdido algunos de los momentos únicos que nos dejó, dentro y fuera del baloncesto.

El mejor resumen son las propias palabras que nos dejó Shaquille en sus inolvidables entrevistas y ruedas de prensa:

“¿Qué me motiva? No me motivo como el resto de los terrícolas, lo único que me motiva es que cuando me retire saber que la gente va a decir: Este es el mayor cabr*nazo que jamás haya jugado al baloncesto.”

Sin lugar a duda… ¡Cuánta razón tenía sobre sí mismo!

 

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