El día que Grateful Dead mejoró a los Boston Celtics

Cuando un equipo pierde la Final de la NBA frente a su eterno rival, todos los cimientos sobre los que se ha construido un proyecto deportivo pueden tambalearse, pero en el caso de los Boston Celtics de la década de los 80’s, tan solo les hizo más fuertes. Esa fortaleza se construyó sobre el liderazgo de Larry Bird y contó con la ayuda de un curioso aliado, los Grateful Dead.

Tras la Final de la NBA en 1985, en la que los Boston Celtics habían caído por primera vez en su historia frente a Los Angeles Lakers, el equipo de Massachusetts buscó incorporar jugadores que reforzaran su proyecto deportivo para volver a recuperar el Título que habían conseguido en 1984.

Aquellos Celtics eran un equipo sólido y poderoso, cimentado sobre el liderazgo de una estrella colectiva como Larry Bird y, además,  contaba con una serie de jugadores que cumplían a la perfección con el estilo de juego que proponían desde el Boston Garden.

Bird siempre destacó por ser un líder que sacaba lo mejor de sus compañeros, implicándoles en la necesidad del esfuerzo individual por el bien común. Esa filosofía la plasmo en su frase que venía a decir: «Liderazgo es pelear por un balón perdido, tener a todo el mundo involucrado, a todos los otros jugadores. Es ser capaz de asumir y delegar. Esa es la única manera en la que puedes obtener el respeto de sus compañeros. Es lograr que todos crean en ti y siempre des lo mejor de ti mismo».

Larry Bird en 1985

Los Celtics a mediados de los 80’s, eran un equipo que estaba en su pleno apogeo y, el hecho de perder una final como la de 1985, no significaba ni mucho menos un cambio de ciclo.

Venían de sumar 62 victorias y 20 derrotas en 1984 y de ganar el título y de mejorar hasta las 63 victorias y 19 derrotas en 1985, pero habiendo perdido la Final frente a los Lakers. Aquel equipo era un conjunto ganador, que todavía podía seguir mejorando y obteniendo más anillos con la estructura que tenían de jugadores y de equipo técnico.

La cuestión era sencilla, ¿cómo podían seguir mejorando y volver a convertirse en Campeones de la NBA?. 

La respuesta era sencilla, mejorando su plantilla incorporando jugadores de calidad que se integraran en su dinámica, para conseguir dar el pequeño salto de calidad que les hacía falta.

De esta forma, se produjo un traspaso que involucró a Cedric Maxwell, el MVP de la Finales de 1981 de los Celtics y al MVP de la NBA en 1978, Bill Walton, al que se añadió una primera ronda del Draft de 1986.

Aquel movimiento de los Celtics, no fue un hecho fortuito, sino que fue promovido por el propio Larry Bird, que acusó abiertamente a Cedric Maxwell de no implicarse con el equipo, ni de dar el necesario 110 %. Concretamente, Bird manifestó que Maxwell se había relajado tras firmar un gran contrato con los Celtics en 1984 y que su papel en los Playoffs de 1985 había estado muy por debajo del nivel que necesitaban los de Boston.

Bill Walton con Los Angeles Clippers

Por su parte, Bill Walton era una estrella que estaba en el ocaso de una carrera fallida por la innumerable acumulación de lesiones que habían mermado su vida deportiva.

The Big Red llegaba con un cartel de haber sido campeón con los Blazers en 1977 siendo el MVP de aquella Final y de haber ganado el MVP de 1978, unos datos que ya servirían para que cualquier jugador entrara en el Olimpo del baloncesto pero que, en el caso de Walton, parecían logros menores por ser un caso evidente de un jugador que pudo ser mucho más de lo que fue. De hecho, tan solo llegó a jugar en toda su carrera 468 en la NBA.

Los Celtics perdían un jugador criado en el Boston Garden, pero con escasa motivación y ganaban a un jugador de gran talento, con un físico muy mermado y una personalidad un tanto especial.

Precisamente en este punto, fue donde surgieron más dudas sobre la incorporación de Walton ya que el talentoso pivot, había forjado toda su carrera deportiva en la costa oeste, en un ambiente muy distinto al que iba a encontrar en la ciudad de Boston.

Nacido en La Mesa, California, primero se formó en UCLA con el mítico John Wooden, luego obtuvo sus mayores éxitos en Portland con los Blazers, para terminar primero en San Diego y luego en Los Angeles, en el primer año de los Clippers en esa ciudad.

Los de Boston adquirían a un gran jugador con una gran experiencia, pero tenían que ver como se integraba en la dinámica de una institución como los Celtics, un equipo muy estable y consolidado con un liderazgo muy definido.

Walton era una rara avis para lo que se estilaba en los Celtics en aquella época. Destilaba aroma a cultura hippie y sus costumbres e indumentaria en seguida causó sensación en el vestuario de los Celtics.

Bill Walton con una camiseta psicodélica al estilo Grateful Dead

Por aquel entonces, Bill Walton ya se había ganado el apodo de Grateful Red, en honor a su pasión y fanatismo por el grupo de música Grateful Dead.

El pivot era un reconocido Deadhead, denominación que se le daba a los seguidores del grupo del gran Jerry Garcia y empezó a dar muestras de ello desde su llegada al vestuario de los Celtics, poniendo pegatinas del grupo en los casilleros de algunos jugadores de los orgullosos verdes.

Además, sus camisetas estilo Tie-dye con ese punto psicodélico, mostraban claramente ese estilo tan inconfundible del grupo que hacía de sus conciertos, auténticas experiencias lisérgicas.

Precisamente, uno de esos conciertos fue lo que sirvió de elemento canalizador de la integración de Bill Walton en un vestuario tan familiar como el de los Celtics.

El inicio de la temporada regular 1985-1986, ofreció la posibilidad de que los Celtics tuvieran un inusual periodo de descanso de cuatro días entre partidos, del 3 al 7 de noviembre.

Casualmente, los Grateful Dead tocaban el 4 y 5 de noviembre en Worcester, una ciudad a una hora escasa de Boston, dentro del mismo Massachusetts.

Esos conciertos, habían atraído en los días previos a multitud de Deadheads a la ciudad de Boston, lo cual no había pasado desapercibido para Larry Bird, ni Kevin McHale.

Atraídos por la curiosidad de ese movimiento social y musical tan reconocible y, siendo conocedores de la condición de fan de Bill Walton, Bird y McHale le abordaron en el vestuario y le preguntaron si podría hacer algo para conseguir entradas para el concierto para todo el equipo.

Bill Walton defendiendo a Kevin McHale en un entrenamiento

La idea de ir todos juntos a ver a los Grateful Dead conquistó a Bill Walton muy fácilmente, que movió sus contactos para conseguir las entradas para todo el que quisiera ir a vivir la liturgia musical del psicodélico grupo folk rock.

Larry Bird se encargó de organizar el transporte de todo el equipo y alquiló una serie de limusinas para que los llevaran a todos juntos como un equipo a Worcester.

Allí, casi todos los jugadores de los Celtics acudieron al concierto y disfrutaron de una experiencia en común, que consolidó aun más sus lazos como conjunto y que hizo que Bill Walton se integrara todavía más en la familia celtica ya que, para él, aquel acto de ir todos juntos a ver a su grupo favorito, significó sentirse parte de un grupo que iba más allá del baloncesto.

Tan solo faltó el controvertido Danny Ainge, que declinó la invitación, afirmando directamente que la música de ese grupo no le gustaba. 

Al día siguiente, los Grateful Dead visitaron a los Celtics en un entrenamiento y, de nuevo, volvieron a generar esa relación tan especial de familiaridad.

El resultado de esa forma de hacer equipo promovida por Bird y McHale, hizo que Walton se integrara desde el primer día y que fuera esa pieza que todavía mejorara aún más a los Boston Celtics.

Los de Massachussets firmaron un balance de 67 victorias por tan solo 15 derrotas en la temporada 1985-1986, lo que significó la mejor temporada de la era de Larry Bird y la segunda mejor de la historia de la franquicia.

Además, pusieron el broche de oro de aquel maravilloso año ganando el Título de la NBA frente a los Houston Rockets de las Torres Gemelas, Hakeem Olajuwon y Ralph Sampson.

Larry Bird y Bill Walton defendiendo en las Finales de 1986

El papel de los jugadores interiores de los Celtics en esa Final fue clave, para frenar a las dos estrellas del equipo tejano.

Por su parte, Bill Walton, jugó 80 partidos en temporada regular, el máximo de su carrera, y lo hizo partiendo desde el banquillo, con una fuerza y energía que no mostraba desde sus primeros años en Portland.

Su papel fue esencial para aquellos Celtics y fue especialmente recompensando al ganar el premio a Mejor Sexto hombre del año en la NBA, lo que le convirtió en el primer y único hombre en lograr ganar ambos premios en ese orden ya que, James Harden, también lo ha conseguido pero siendo Mejor Sexto Hombre y luego MVP.

Los Celtics, de la mano de Larry Bird y Kevin McHale, supieron como integrar a un excepcional jugador en su plantilla y lograr sacarle lo mejor del baloncesto que le permitía su mermado físico.

Los Grateful Dead sirvieron de catalizador para que Bill Walton fuera su mejor versión posible, en un equipo que le mostró su complicidad con el simple detalle de querer conocerle y entender lo que para él, era una forma de vida.

Una auténtica acción inconsciente de Team Building, que sirvió para reforzar los valores comunes y contribuir al desarrollo personal y profesional de los Celtics, incluso a pesar del controvertido Danny Ainge.

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