La mayor media de anotación en unas Finales NBA

A lo largo de la historia las Finales de la NBA han deparado actuaciones míticas y legendarias que han contribuido a que la leyenda de la liga norteamericana siguiera creciendo a la par que su condición como la mejor liga del planeta de Baloncesto.

Esas grandes actuaciones en la Finales de la NBA además casi siempre han tenido el colofón final de acabar con algún Título debajo del brazo así que el premio que han recibido los autores de esas noches mágicas habitualmente ha sido doble.

Hacer historia en la series finales no está al alcance de cualquier tanto por la propria dificultad de llegar a disputar esos partidos definitivos en la lucha por el Título como por el propio hecho de tomar el protagonismo cuando el balón más quema en las manos y pueden tanto elevar a los altares a ese jugador que toma esa responsabilidad, como hundir en los infiernos al jugador que falla en esos momentos decisivos.

De igual manera las Finales de la NBA suelen tener como particularidad que a veces el juego de los propios equipos sigue su curso y mantienen su estructura de juego y en otras ocasiones los sistemas defensivos atan tanto el juego colectivo que sólo las individualidades marcan la diferencia entre la victoria y la derrota.

Una de esas actuaciones es la que hizo que nuestro protagonista se convirtiera… mejor dicho que hiciera que su leyenda siguiera creciendo hasta convertirlo en la leyenda del baloncesto que es… hablamos de His Airness.

Michael Jordan posee el record de mayor media de anotación en unas finales NBA.

En 1993 en las Finales frente a los Phoenix Suns consiguió promediar 41 puntos por partido.

 Jordan llevó a los Bulls a su tercer anillo consecutivo completando el primer Three Peat al conseguir anotar en los 6 partidos que duró la serie los siguientes puntos:

Partido 1: 31 puntos

Partido 2: 42 puntos

Partido 3: 44 puntos

Partido 4: 55  puntos

Partido 5: 41  puntos

Partido 6: 33  puntos

Evidentemente fue el MVP de aquellas finales y consiguió de nuevo ser fundamental frente a unos Phoenix Suns de Charles Barkley que nunca estuvieron tan cerca de ganar el campeonato como aquel año.

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